AC Martín Castellucci

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Actividades de julio 2007

22-Julio-2007 por info

Viernes 27:
Acompañamos a la Asociación Civil Hay otra esperanza en la firma del convenio de cooperación que suscribieron con el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, representado por su ministro licenciado Daniel Filmus, destinado a facilitar la atención educativa de los niños y niñas adolescentes que se encuentran en rehabilitación de adicciones. El consejo directivo de la entidad está presidido por Alejandra Rita Díaz y su objeto es, precisamente, la asistencia a los niños (los hay desde los ocho años) y jóvenes internados por consumo de drogas, en particular de “pasta base”. Por eso este grupo, que nació en el Bajo Flores, es conocido como el de las “madres del paco” (el flagelo contra el que luchan).

Miércoles 25:
Nos reunimos con Viviam Perrone, presidenta de Madres del Dolor, en su sede, para intentar poner en marcha la coordinación de actividades entre las dos instituciones y dar los pasos iniciales para la conformación de una red.

Sábado 21:
Fuimos expositores en el taller Jóvenes y nocturnidad programado en el marco del Foro Internacional de Participación Comunitaria en Seguridad que, organizado por el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, se desarrolló entre el viernes 20 y el sábado 21 en Parque Norte (de la ciudad de Buenos Aires). Compartimos esa responsabilidad con la Mesa Intersectorial de Junín (que presentó una novedosa experiencia en la que la policía y un Consejo Consultivo de jóvenes acuerdan trabajar en conjunto el mapa de seguridad en una mesa que está coordinada por Silvia Duchi, del Centro Provincial de Atención a la Víctima), la Mesa Intersectorial de Ramallo, la Fundación Aljibe y el Equipo Red Mayor de la Provincia de Buenos Aires, Comunidad Terapéutica, Foro Vecinal Tapiales - La Matanza.
El taller fue coordinado por Claudia Sanguinetti, de la Subsecretaría de Participación Comunitaria del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, el área conducida por la licenciada Martha Arriola, que nos cursó la invitación para esta experiencia en la que compartimos, ante una concurrencia que superó las previsiones de la organización, los conceptos y las acciones que llevamos a cabo desde la ACMC respecto del tema convocante, tan ligado a nuestra problemática primaria.
Por la Asociación participamos Oscar y Laura Castellucci, y Fernando Muriel.

Cuando se enfría la sangre, las respuestas políticas se dilatan
Lo dijo Oscar Castellucci en la mesa sobre “Jóvenes y Nocturnidad” durante el Foro Internacional de Participación Comunitaria en Seguridad.
Durante su intervención sostuvo, además, que mientras el caso de Martín tuvo una fuerte repercusión mediática los legisladores (tanto nacionales y provinciales) impulsaron las normativas necesarias. Pero cuando “la sangre se enfrió”, los proyectos fueron siendo dejados de lado, perdieron prioridad y pasaron a ser un habitante más de los cajones legislativos.
De la misma manera, apuntó que lo sucedido con la tragedia de Martín no fue fruto de la casualidad, sino consecuencia de un sistema donde impera la corrupción y la impunidad. Agregó que esa “impunidad está avalada por gran parte del sistema político, policial y judicial”. En este sentido, Castellucci añadió que los jóvenes sufren una campaña permanente de desprestigio. Luego de cada tragedia, muchos son los que se empeñan en transformar a las víctimas en culpables de su propia muerte. Por ello, Castellucci llamó a la solidaridad e impulsó a luchar por una sociedad donde no sea el lucro el valor preponderante, sino la vida.
Ante un auditorio con gran presencia de futuros policías, Oscar les pidió a esos jóvenes que se nieguen a formar parte de un sistema corrupto que termina imponiendo miedo pero no respeto. Señaló que no está en contra de la función de seguridad en los locales bailables, pero que quienes la ejerzan deben estar preparados para llevar adelante su tarea. Por eso, afirmó que está trabajando junto al sindicato que congrega a trabajadores de control de admisión (SUTCAPRA) para la promulgación de una ley que obligue a su capacitación y que, fundamentalmente, no permita que la industria de la noche transite por el camino del anonimato y la impunidad.

Viernes 13:
Participamos de las Jornadas de intercambio y capacitación El Estado y la protección de los derechos de la víctima que se desarrollaron en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos de la ciudad de Mar del Plata, convocadas y organizadas por el Centro de Protección de los Derechos de la Víctima (CPV), del Gobierno de la provincia de Buenos Aires.
La actividad se inició con un panel integrado porAlberto J. Linares (director general) y Xavier Oñativia (coordinador psico asistencial) del CPV, quienes expusieron sobre “Abordaje institucional e intervención por presencia” y “Articulación entre organismos del Estado”; Alicia Ruszkowski, docente de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Mar del Plata; Viviana Zubiarre (esposa de Rubén Darío Jerez, desaparecido en Santa Teresita el 25 de octubre de 2001), quien se refirió al tema “Desaparición de personas en democracia”; Oscar Castellucci (por la ACMC), quien expuso sobre “Violencia en los boliches bailables”; y el doctor Roberto Falcone, presidente del Tribunal Oral Federal Nº1 de Mar del Plata, quien lo hizo sobre “La finalidad del proceso penal y las garantías de imputados y víctimas”.
Luego, los participantes, familiares de víctimas -referentes y militantes activos de esta problemática-, y miembros del Poder Judicial y del Ministerio Público marplatense, se organizaron en grupos para desarrollar talleres sobre los siguientes temas: “Violencia institucional”, “Acceso a la justicia” y “Justicia, medios y opinión pública”. La jornada culminó con la lectura de las conclusiones y propuestas elaboradas durante los talleres.
Por la ACMC participaron Laura y Oscar Castellucci quienes presentaron, en el taller que integraron, como propuestas concretas, las siguientes necesidades: a) de modificación del código procesal penal de la provincia que permite la instrucción inicial de las causas por parte de la policía bonaerense, una situación que resulta intimidatoria para las víctimas, para sus familiares y hasta para los testigos, dada la escasa transparencia de esa institución en relación con los factores del poder (especialmente si éstos están involucrados en los delitos); b) de capacitar, sensibilizar y concientizar a los miembros del Poder Judicial y a sus auxiliares, la policía, para que la Justicia deje de ser una utopía para las víctimas que están más alejadas de los centros geográficos y ocupan un lugar más bajo en la pirámide social; c) de que el sistema educativo y los medios masivos (especialmente los audiovisuales) deben ser utilizados para que todos conozcan sus derechos y obligaciones y, especialmente, los mecanismos de acceso a la Justicia; y d) de estimular la participación comunitaria en el tema de la seguridad, con la propuesta concreta de comenzar a organizar una red con las asociaciones que nuclean a las víctimas y a sus familiares.

Centro de Protección a la Víctima

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TEO SE FUE CON MARTÍN

20-Julio-2007 por info

Teo nunca se sobrepuso del todo a la ausencia de Martín. No podía entender por qué no estaba más en casa y por qué tardaba tanto en volver (cómo lo iba a entender él, si noTEo con Martín podemos nosotros). Y mostró su dolor (cada uno tiene su modo de hacerlo) envejeciéndose rápido. Desde diciembre, desde el 6 de diciembre, su vida fue yéndose de a poquito (casi sin que nos diéramos cuenta y cada vez más rápido). Fue también cambiando alguno de sus hábitos. Desde entonces eligió dormir, sobre su mantita, entre la puerta de entrada y la pieza de Martín. Seguramente esperaba (en vano, como nosotros) que Martín alguna vez volviera para sacarlo, como antes, a pasear y a juguetear. Si se había ido casi sin decir nada y sin saludar.
Pero Teo, ayer a la noche, no pudo esperar más y terminó con eso de dejarse morir. Su corazón dolido se paró y se quedó ahí, donde dormía, definitivamente.
Como seguramente nos habrá escuchado decir tantas veces en casa eso de que “cuando me muera quiero ir al lugar donde van los perros”, él quiso irse (si ese lugar existe) adonde estaba Martín.
Y ahora ya deben estar los dos correteando juntos por ahí. Felices de haberse vuelto a encontrar.
(¡La pucha que uno no se acostumbra nunca al dolor!)

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POR TELEFÉ, EN SU PROGRAMA “LA LIGA”, SE EMITIÓ EL CAPÍTULO “EL MUNDO DE LOS PATOVICAS” EN EL QUE SE ABORDÓ EL TEMA DEL ASESINATO DE MARTÍN. NUESTRA OPINIÓN.

9-Julio-2007 por info

El martes 3 de julio, en la emisión del programa producido por Cuatro Cabezas, “La Liga”, se abordó el tema de “la inseguridad de la noche” y de la actitud violenta de los patovicas en los boliches bailables, detrás de la cual siempre están presentes los verdaderos responsables, los “empresarios de la noche”, con su afán de lucro, amparados en la impunidad que le brinda la connivencia política, policial y judicial (aspectos, estos últimos, que no estuvieron presentes en el tratamiento del tema).
El capítulo se denominó “El mundo de los patovicas”, a los que se definió, en la publicidad gráfica que se hizo del programa, como “la fuerza de choque de los dueños de las discotecas y se los asoció a hechos de discriminación, amenaza y muerte: una extraña mezcla entre violencia y derecho de admisión”.
Para la realización de esta emisión de “La Liga”, recibimos en nuestra casa a María Julia Oliván, y dimos nuestro testimonio (Laura, Pablo y Oscar Castellucci); y con los amigos que salieron con Martín aquel fatídico 3 de diciembre, Juan Cruz Durañona, y Gabriel y Nahuel Arroyo, reconstruimos el camino hacia el lugar en donde lo asesinaría a golpes José Lienqueo Catalán, el empleado de Atilio Amado, el dueño de “La casona”, ante la mirada y la pasividad del personal de la policía bonaerense destacado en el lugar.
Como quienes participamos con nuestro testimonio -que fue rigurosamente respetado- no conocíamos las características del armado final del programa que se emitió (lo vimos por primera vez como todos los demás espectadores), queremos expresar nuestra opinión respecto de lo exhibido, ya que nos provocó sensaciones y sentimientos contradictorios.
Además -respetuosos siempre de la multiplicidad de miradas posibles-, seguiremos publicando todos los comentarios que nos hagan llegar sobre el mismo.

Nuestra opinión
En principio nos pareció importante, y lo agradecemos, que la productora Cuatro Cabezas haya recordado el tema de Martín y lo incluyera en el tratamiento de una problemática tan compleja. Porque nos ayuda, entre tanta memoria que se ablanda, entre tanto olvido intencionado, a mantener viva nuestra voluntad de luchar por una sociedad mejor: la que le hubiese permitido a Martín vivir y ser feliz. Por eso recibimos en nuestra casa a los enviados del programa y colaboramos con ellos en todo lo que nos fue posible.
Desde esa perspectiva, queremos decir que el programa fue valioso, como valiosas fueron algunas de las ideas desarrolladas: el grupo de chicos que se reúnen para salir -tan parecido al grupo de Martín- dispuestos a sufrir en carne propia las prácticas discriminatorias de las discotecas; las opiniones de los especialistas consultados (la socióloga y el siquiatra); y los testimonios de los “patovicas” y “empresarios de la noche”, a los que simplemente hay que dejarlos hablar para que se cuezan en su propia salsa de discriminación y violencia.
Además, en el “haber” del programa, no podemos dejar de consignar el tratamiento respetuoso de que fuimos objeto -sin el menor asomo de bastardeo y abuso de nuestros sentimientos y de nuestro dolor (tan frecuente en “nuestra” televisión)- y el interés por expresar del modo más fiel posible nuestra posición, tanto por parte de la periodista -María Julia Oliván- como por la producción de “La Liga”.
Sin embargo, quedaron -de allí los sentimientos contradictorios de los que hablábamos más arriba- varios puntos (y no precisamente secundarios para nosotros) en el “debe” del programa.
En primer lugar, la casi caótica superposición de “líneas editoriales” -cada uno de los periodistas parece seguir la suya, y así lo respeta el guión final- que se enfrentan, se contradicen y, muchas veces, se anulan unas con otras. Nosotros entendemos que esa superposición no sólo no equivale a objetividad sino que puede terminar expresando una falta de compromiso con un tema o frente a una situación o diciendo lo contrario de lo que se quiso decir (si es que quiso decir algo).Futbol_Amigos
Queremos referirnos muy especialmente a las secuencias que aparecen como un leit motiv a lo largo de toda la narración del capítulo: las escenas reiteradas de chicos y chicas patéticamente alcoholizados o drogados, peleándose y golpeándose brutalmente, sin sentido, haciendo apología de la violencia y, algunos, de la discriminación, que podrían terminar dejándole al espectador la sensación de que en la noche sucede sólo eso. Y no es así. Es lógico, sabemos que eso tristemente es parte de la realidad (de la realidad que generamos los adultos -sería bueno que no lo olvidemos- y que nosotros queremos modificar). Porque mostrar sólo eso, y tan reiteradamente, es casi lo mismo que justificar a los que discriminan, a los que golpean, y, también, a los que matan (del otro lado del mostrador). Al fin y al cabo, de ese discurso, se puede sacar una conclusión: los pobres “empresarios de la noche” no tienen otra alternativa que recurrir a los “patovicas” para defenderse de tanta barbarie descontrolada. Un peligroso camino por el cual la víctima termina siendo, en definitiva, la culpable de la violencia que recae sobre ella: los pibes tienen la culpa de que los muelan a golpes y de que, al final, también los maten (como a Martín).
En esa misma línea de pensamiento, algún “sabio” legislador (de esos que no aprueban las leyes de regulación de las actividades de la noche que hacen falta a nivel nacional, provincial y municipal) pensó que la solución era hacerle a los pibes un dosaje de alcohol antes de entrar a los boliches. No sería mala idea, si ese control se complementase con un dosaje de sangre y una rinoscopía a los encargados de “seguridad” y a los dueños de las discotecas. Pero hasta ahí, no. A los pibes, sí. Y a muchos les parece bien.
Nosotros queremos dejar constancia de que hay una inmensa mayoría de chicos que no hacen lo que tan reiteradamente se mostró en este capítulo de “La Liga”. Entre ellos, Martín. Lo decimos porque entre tanto espectador desprevenido, alguno puede haber pensado, “y bueno, al fin y al cabo, la familia sufre, pero este pibe tenía que ser igual a todos los otros que mostraron” (es decir, “se la buscó”). Y no. Hay pruebas judiciales de que no. Porque tuvimos la desgarradora posibilidad de ver la grabación de la cámara de seguridad del boliche “La casona” (que, como venían de una historia tan larga de impunidad, ni siquiera se tomaron la “precaución” de destruirla). Y ahí está Martín, entre cientos de pibes, haciéndole el aguante a Nahuel en la degradante cola de los “rebotados”; todos tranquilos, él, manos en los bolsillos, esperando. Puede verse hasta su mirada. No está drogado. No está alcoholizado. No provoca desórdenes. No se está peleando. Como las decenas de pibes que están a su lado, está tranquilo esperando que lo dejen entrar. Y esas imágenes son de treinta segundos antes de que el guardia de “seguridad”, el guardaespalda de Atilio Amado, lo matara a golpes. Y si hiciera falta, están los testimonios de los testigos que se presentaron a declarar (y que no lo conocían a Martín, estaban al lado de él): Martín ni agredió, ni insultó. Simplemente se salió de la cola para preguntar por qué estaba ahí y hacía una hora que no lo dejaban entrar.
¿Cómo no vamos a tener, entonces, sensaciones contradictorias frente al programa emitido? ¿Qué hacíamos nosotros, qué hacía Martín, entre tanto chico provocando desórdenes y violencia porque sí? Nadie lo aclaró. De noche, todos los gatos son pardos. Nadie se preocupó, tampoco, por preguntarse por qué los chicos son así, como se mostraba que son. Nadie se preocupó siquiera por preguntarse dónde estaban, mientras todo eso sucedía, cumpliendo funciones los “agentes del orden” ¿Estarían ocupados cobrando alguna coima? Nosotros podemos decirlo respecto del asesinato de Martín: los policías bonaerenses estaban a medio metro, presenciaron la escena y todo lo que hicieron fue arrastrarlo hasta un cantero y dejarlo tirado entre convulsiones. Eran cómplices en la organización de Atilio Amado. ¿La complicidad policial con la violencia se da sólo en “La casona”? ¿Y de la connivencia de los políticos con los “empresarios” de la noche nadie habla tampoco? ¿Por qué será que los inspectores municipales son siempre ciegos, sordos, mudos (y corruptos) y nunca ven nada de lo que pasa en los boliches? ¿Recibirán órdenes de sus superiores para no hacerlo? ¿Las autoridades municipales sólo oficiarán de “tarjeteros” de las discotecas? ¿No será esto parte de la violencia también? ¿Quién le vende alcohol y drogas a los chicos violentos? ¿Siempre se ve sólo al consumidor y nunca a la mano que provee? ¿Por qué?
Todo esto nos parecía un “debe” demasiado notorio, que no podíamos dejar de mencionar en memoria de Martín. Ojalá que haya una segunda parte de este capítulo de la “La Liga”. Volveríamos a colaborar.

Matu_presente

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El otro lado (el de ella) en la historia de amor

4-Julio-2007 por info

Poco después de publicado el texto que se hizo “Carta de Lectores” en el diario “Clarín” del 30 de mayo de 2006 (y que puede ser leído un poco más abajo, en esta página, completo), la otra parte de esta historia (la historia de amor entre un donante, Martín, y la receptora, Bibiana), ella, nos envió una nota en la que nos describe la experiencia desde la mirada del que espera vivir.
La publicamos íntegra porque estamos convencidos de que entre una y otra, cualquiera sea la que se lea primero, es el punto exacto en el que está situado ese misterio que es el amor.

Me llamo Bibiana, soy poliquística renal y hepática, una enfermedad hereditaria, y quiero compartir con ustedes, en rasgos generales, lo que viví en diálisis y en el trasplante.
Considero que todo lo que se refiere a mis riñones lo podría dividir en tres etapas: antes de la diálisis, la diálisis y el trasplante.
La primera etapa comenzó a los 6 años, con el fallecimiento de mi padre, y es ahí cuando tomo contacto por primera vez con la enfermedad. Unos años después fue mi tío. Verlo volver de diálisis daba una tristeza enorme, luego se trasplantó, y a los 10 años falleció por otra causa. Años después, a mis 27, me entero que yo también la tenía. Fueron años muy duros, contínuos análisis, la angustia de pensar en qué momento venía la diálisis y, a su vez, seguir adelante, trabajando, estudiando. Me caso, tengo una hija, y seguir, no pensar o, mejor dicho, tratar de no pensar.
En el 2002 mis riñones ya casi no funcionaban, me operan el brazo para prepararme para dializar, lo único que sentía en ese momento era mucha bronca y angustia.
El 11 de septiembre de 2003 hago mi primera diálisis. Sentí mucho dolor, también físico, la diálisis es dura. Pensé en no hacerla más, pero me encontré con unos ojitos tristes de 9 años que hicieron que jamás bajara los brazos. Fueron 3 años y 3 meses muy duros, en donde se mezclaba el dolor, el miedo, la angustia, el sentirse prisionero, el no poder disponer de los días como uno quiere. Me perdí de muchas cosas, como reuniones en el colegio, ver a mi hija abanderada, no poder acompañarla a una salida, ni qué hablar de salir de vacaciones, etc. Volver a casa y tener mucho cansacio, a veces cefaleas, vómitos, y ni hablar de las infiltraciones, dolorosísimas. Ver a tus compañeros sufrir, algunos morir, y vos sufrís a la par. Pero también hay una esperanza, porque sabés que tenés tiempo de espera hasta que llegue el tan ansiado riñón, que otros que necesitan otros órganos no lo tienen, todo es mucho más rápido. También tuve la dicha de tener tres compañeras estupendas, una de ellas ya está en el cielo, otra se está haciendo los análisis de pretrasplante, y la otra hace más de 3 años que está esperando. Con ellas, durante las diálisis, hablábamos, nos reíamos, nos contábamos nuestras cosas, tratábamos de pasarlo lo mejor posible.
Yo me hice los estudios de pretrasplante enseguida que entré en diálisis, y entré en lista de espera en marzo de 2004. De ahí en más todo fue esperar el llamado, y así pasaban los días. Ese llamado lo esperaba pero, a su vez, quería que no llegara. Es que pensaba mucho en eso y me preguntaba ¿qué espero? ¿la muerte de otro? Y es así. Recuerdo que había una persona que siempre me preguntaba “y ¿para cuándo el riñoncito?”. Y yo le respondía, “déjelo que viva un tiempito más, va a ser el mejor día, ni antes ni después, cuando Dios lo disponga, y mis tiempos no son los tiempos de Él”. Parece que uno espera el dolor del otro para que sea nuestra alegría, pero no es tan así; porque si bien es verdad la alegría de uno y el dolor del otro, también en uno hay dolor por el otro, y en el otro hay alegría por uno; principalmente por la grandeza de la donanción, y esto es porque se le da sentido al dolor.
Después de tanta espera llegó el día: el 7 de diciembre de 2006. Sólo sabía que era de un chico de 20 años al que lo había matado un patovica. No pensé en nada, sólo sentía miedo y ansiedad, y me preguntaba cómo sería después. Y el después es bárbaro, con algunos inconvenientes predecibles que uno debe ir superando; pero recobrás la libertad, todos los días los disponés como querés, se acabaron las punciones dolorosas, los malestares, la espera…
En mi caso, todo esto que hoy estoy viviendo se lo debo a Dios -porque Él dispone todo para nuestro bien, aunque veces nos parezca que no fuera bien- y a Martín, que no sé cómo fue su vida pero, a juzgar por el sentido de su muerte, fue un GRANDE. Su vida fue corta, pero él la hizo larga en todas aquellas personas que tenemos algo de él.
Yo particularmente no sólo tengo un riñón de él dentro de mi cuerpo, sino que él está también en mi corazón, en mi alma, y ésta es, por ahora, mi manera de decirle gracias.
Algún día, cuando llegue al cielo, podré darle un abrazo enorme y decirle GRACIAS como se lo merece.

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